En el mundo de Mandrake

La compañía dirigida por el venezolano David Zambrano se presentó en el XII Festival Internacional de Danza Maracaibo 2003. Una propuesta estética posmoderna que gira alrededor de la magia y el ilusionismo.

La laguna de Sinamaica, exótica belleza natural situada al Occidente de Venezuela, en el estado Zulia, zona petrolera por excelencia, fue el atractivo escenario seleccionado como una de las subsedes del XII Festival Internacional de Danza Maracaibo 2003. Hasta allí llegaron el bailarín venezolano David Zambrano y su compañía Bolinga, asentada en Amsterdam, para curiosidad y regocijo de los pobladores de sus referenciales palafitos y sus alrededores.

De un pequeño bote desembarcaron cuatro eficaces bailarines improvisadores, pertenecientes al conjunto holandés. De inmediato hicieron suyo el lugar escogido, un parador turístico acuático en cuyo piso de madera ocurrió la acción escénica frente a un sorprendido público mayoritariamente infantil. La obra “Mandraking”, de Zambrano, propuesta de danza posmoderna que gira alrededor del mundo de la magia y el ilusionismo.

Sobre las sinuosas aguas de Sinamaica, la recreación de Mandrake, el famoso personaje de la cultura de masas, adquirió un impensado espíritu. Zambrano presentó fragmentos de la pieza que días antes había sido interpretada en su versión integral en el Centro de Bellas Artes de Maracaibo, así como en el Teatro Alirio Díaz de la ciudad de Carora, en el estado Lara. El sentido lúdico y misterioso del arte de la prestidigitación unido al suspenso ya convertido en arquetipo de las películas de antaño, orientan la obra, que en esta versión representada sobre las aguas, reforzó sus características de suerte de seriado para niños.

La particular banda musical que acompaña la obra incluye desde Jean Sibelius, hasta Liza Minelli y Henry Mancini. De esta forma contribuye a enfatizar el ambiente de teatro, de cabaret, de espacio íntimo decadente para la representación que remite a épocas pasadas.

El singular histrionismo de los bailarines Chrysa Parkinson, improvisadora residente en Nueva York y ganadora de un premio Bessie, Alexandre Thery, bailarín francés fundador en 1998 de In situ Company, el intérprete danés Matt Voorter y el propio Zambrano, van hilando a través de sus cuerpos una historia de sueños e imposibles convertidos en realidad; de imaginación desbordada y sutil e inteligente sentido del humor. Su sólida experiencia dentro de los procesos de la improvisación creativa en la danza queda en evidencia al sortear con sorprendente pericia las imprevisibles situaciones presentadas en un ámbito escénico no convencional y totalmente desconocido para ellos.

Solos que potencian las características individuales de sus intérpretes, duetos de contacto de notables valores plásticos y situaciones colectivas casi siempre hilarantes, en unos cuerpos dúctiles y profundamente consustanciados con los postulados de la llamada nueva danza, hacen del hecho de apreciarlos una estimulante experiencia.

La informalidad del ambiente logró convertir en un intérprete más a los trabajadores del local y también a los asistentes allí reunidos. Al lado de ellos, los bailarines reptaban por la barra y las barandas del sitio con increíble pericia y desenfado, se desplazaban libremente por él, provocando y enfrentando retos.

La carismática personalidad escénica de David Zambrano, prestigioso bailarín y entusiasta promotor por el mundo de la improvisación en la danza como espacio vital y creador de la técnica volando bajo, guió las acciones a través de una expresión corporal y gestual que sólo a él pertenece.

Al final, el público, todavía admirado, abordó sus botes para volver al agua. Durante poco menos de una hora, en la laguna de Sinamaica y de manera inusitada, la danza posmoderna formó parte de la cotidianidad de sus moradores.

“David Zambrano dances with the awareness and explosive agility of a creature that has no defenses except speed and wit…”
Burt Supree, The Village Voice